Donovan y La Torre Hueca. Novela. Capítulo 6

¡Hola ilustradores! Esta semana os traigo el sexto capítulo de la novela Donovan y La Torre Hueca. Las lagunas de la memoria.

En el corazón de la memoria se extiende una tierra plagadas de lagunas. Acompaña a Donovan mientras camina entre las lagunas habitadas por seres extraños y misteriosos.

¿Qué significado tendrá este lugar para Zoe? ¿En qué parte de su alma se encuentra Donovan?

Recordad que podéis leer los capítulos unodostres cuatro y cinco.

las lagunas de la memoria hogar de misa


6

Las Lagunas de la Memoria.

  Caminaba casi conteniendo el aliento, el terreno oscuro y vaporoso resultaba terrorífico. La piedra oscura del terreno estaba salpicada por cientos de lagunas, algunas pequeñas y otras de un tamaño considerable, en las que flotaban objetos de lo más variopintos. Algunas muñecas medio calvas y peluches a los que les faltaba un ojo ayudaban a crear ese halo de espanto en el ambiente. Secadores de pelo, camisetas de grupos de rock, combas y alguna casita de muñecas.

Supuse que se trataba de algún lugar que hacía referencia a la infancia, aunque me pareció demasiado tétrico para estar relacionado con la infancia de alguien.

Unos susurros lejanos se oían acompañados de siluetas desdibujadas en la distancia.

Algunas de las siluetas tenían formas antropomórficas, mientras que otras eran animales o criaturas mitológicas, como el centauro que pasó por mi lado, que hablando para sí mismo, me ignoró de manera casi ofensiva y maleducada. Su aspecto me resultaba familiar.

Me olvidé del centauro cuando vi un patín flotando en una de las lagunas que poblaban aquél lugar, junto al patín había una guitarra con dos cuerdas rotas y…

–¡Hey! ¡Cuidado! –Dije.

¡Me quedé petrificado! Un tipo que venía hacia mí corriendo, me atravesó ¡Como un fantasma!

Tenía el pelo largo y oscuro, además de una extraña perilla, además de…  patas de cabra. Era algún ser parecido a un sátiro, pero los cuernos eran de carnero, de esos grandes y enroscados. Le daban un aspecto de rockero satánico. Se acercó a la laguna con una rama que llevaba cuando corrió hacia mí. Estiró el brazo todo lo que pudo, teniendo cuidado de no pisar el agua, para tratar de alcanzar la guitarra con la retorcida rama.

–¡Ya te tengo! Ricitos se va a poner muy contenta. –Dijo sonriente, mientras arrastraba la guitarra por el agua con la rama de apenas un metro de larga.

<< “Ricitos” >> pensé. Curioso nombre, seguro que es su forma de llamar a la dueña de la torre.

La guitarra de madera oscura, que flotaba en el agua parecía más difícil de alcanzar de lo que el hombre cabra pensó en un principio y se le escapaba. Su piel roja, me recordaba aún más a un diablillo posadolescente. A pesar del aspecto satánico, tenía una cara algo simplona, por no decir que tenía cara de pringado.

El pringado resultó ser bastante habilidoso, consiguió rescatar la guitarra, arañada y algo estropeada por la dureza del lugar. Se esforzó mucho en no tocar el agua, cuando le habría resultado más fácil atrapar la guitarra, metiéndose en la laguna.

 

Dejé al rockero entretenido en su lucha personal y continué mi camino. Siguieron surgiendo seres extraños que pasaban por mi vera sin mirarme, como si no existiese. Unas pequeñas hadas brillantes pasaron casi rozándome la nariz por delante de mí, una de las hadas era rosa y morada, sus ojos eran amarillos, muy grandes y brillantes, ella tenía un aspecto duro, pero atractivo. Tenía una sonrisa enorme de labios carnosos. Su mentón ancho y cuadrado la diferenciaba del aspecto típico de las hadas, las cuales tienen la cara finísima, con una barbilla larga y triangular. Su pelo morado oscuro, era grueso y voluminoso. De piernas largas y pechos grandes, todo dentro de su diminuta proporción de hada, lucía una figura preciosa, rematada por un par de alas de insecto que se movían para mantenerse en el aire a tanta velocidad, que parecían desaparecer.

La otra hada era un varón, un pequeño fortachón de pelo corto. Sus ojos eran también amarillos, su cuerpo era celeste y azul Klein. Tenía pinta de socarrón algo infantil… más bien ingenuo.

–Hola, ¿Qué tal estás? –Me preguntó la pequeña princesa alada. Parece que ella sí pudo verme.

–Muy bien, gracias. ¿Quiénes sois? –Respondí con una sonrisa.

–Somos hadas. ¿Cómo ha entrado usted aquí? ¿Tiene permiso de la Torre?

Preguntó el hada varón, con aire de policía novato, que intenta hacer su trabajo impecablemente, para impresionar a su superior.

–¡Vamos Poli! Deja en paz al explorador. –Le cortó el hada chica. Continuó. –Me llamo Chó y él es Poli. –Dijo la pequeña hada, que al reírse se le achinaban sus grandes ojos, dejando a la vista solo un trazo de tupidas pestañas con un pequeño brillito que le daba aún más ternura.

<<“Poli” le pegaba el nombre>>. Pensé.

–Me llamo Donovan ¿Cómo sabes que soy un explorador?

–“¡Pff!”.–Soltó Poli, con tono exasperado. –Se te ve a kilómetros. –Concluyó.

–Pues ten cuidado. –Dijo Chó, y casi entrando por mi capucha para acercarse a mi oído, continuó. –Hay muchos secretos que todavía no sabes y otros que no te gustará saber.

–¿Pero hay algún secreto que me agradará descubrir? –Pregunté.

–¡Sí! ¡Claro que los hay! –Me contestó con una gran sonrisa.

–¡Cállate Chó! ¡No puedes contarle nada! ¡Siempre lo sueltas todo, eres una charlatana!

El enfado de Poli era casi cómico, de hecho, Chó se rio de él un poco, achinando los ojos y tapándose con sus pequeñas manos la boquita de duende. No pude evitar sonreir.

 

Poli cogió a Chó del brazo y tiró de ella. Un objeto blanco apareció de la nada, golpeando velozmente a Poli. Casi cae al agua, pero me dio tiempo a atraparlo en el aire por una de sus piernecitas. Lo posé sobre mi mano ahuecada, para protegerlo.

–¿Estás bien, Poli? –Pregunté.

–Sí. ¿Qué ha sido eso?

Miré alrededor y vi el objeto que calló al agua. Era un balón de voleibol que se quedó atrapado en unas rocas que sobresalían en el centro del lago donde estuvo a punto de caer Poli.

Poli estaba horrorizado, pero no era por el golpe, sino por estar a punto de caer en la laguna. Supuse que aquél valiente hada temía el agua tanto como yo. << ¿Acaso no sabía nadar?>>

–Gracias Donovan, eres un buen amigo. –Dijo Poli, dándome un mini abrazo.

–No ha sido nada, Poli.

Ya que Poli cambió su actitud hacia mí con un tono más amable, decidí continuar conversando con ellos, pero se empeñaban en marcharse.

–¿Por qué os marcháis tan rápido? ¿Tenéis prisa? –Pregunté.

–No exactamente, pero ya hemos hecho los planes y la ruta de viaje para hoy, no podemos retrasarnos, eso haría un desajuste en nuestro itinerario. – Respondió Poli muy solemne y educado.

–Vaya, eres un tipo muy metódico y responsable, Poli. – comenté en tono de broma con una sonrisa. Por su expresión, o no le gustó la broma, o no llegó a entender que se trataba de una broma.

Antes de que respondiese, Chó se adelantó.

–¡Vamos Poli!, podemos quedarnos un ratito más con Donovan, ¡te ha salvado la vida! Que nos cuente cómo ha sido su viaje.

–No ha sido para tanto. –Respondí con una sonrisa amable, refiriéndome al comentario sobre salvarle la vida a Poli.

Se veía que Chó era un hada que se dejaba llevar más por el momento, más espontánea.

Poli insistió en que tenían que irse, pero me prometió que la próxima vez que nos viésemos, pasarían más tiempo conmigo y así contarnos nuestras aventuras relajadamente. Chó se despidió de mí con un diminuto beso en mi nariz y Poli me dio la mano con su formal modo de actuar, pero con cierta calidez.

 

Chó y Poli seguían despidiéndose balanceando las manos al aire mientras se alejaban de mí. Volví a prestar atención al balón de voleibol. Era blanco y se notaba el desgaste del uso, sabía que era un objeto preciado en los recuerdos del hada de la torre. Por su trayectoria, se notó que nadie lo tiró, simplemente calló allí, con la mala suerte de golpear a Poli.

Me acerqué a la orilla de la laguna. Me quedé un rato contemplando mi reflejo.

La camiseta que llevaba era negra con una franja roja, que desde la mitad de la clavícula envolvía el resto del lado izquierdo mi tronco. Ambas mangas eran largas y también de tela negra, excepto un pequeño recorte en forma de hombrera roja en el hombro izquierdo, que se unía con la franja, formando una sola pieza.

Las sombras de la capucha me tapaban el rostro. Me la quité para arreglarme el cabello, ya prácticamente seco, el flequillo me llegaba casi a los ojos y a pesar de la oscuridad, mi pelo rubio ceniza destacaba en la negrura de mi indumentaria. Aunque no tanto como mi piel clara.

Habría dado lo que fuera por tener una pequeña hoguera en la que terminar de secarme la ropa y calentarme un poco. Pero en aquél lugar no había ningún sitio que me resguardara lo suficiente como para encender un fuego. Se apagaría al instante o tal vez, ni llegase a encenderse debido a la humedad.

Ya estaba acostumbrado a la bruma de las lagunas y a no ver a más de cinco metros de distancia. Más allá, todo eran siluetas apagadas.

Quise coger el balón de vóley, que estaba algo algo lejos. Me dispuse a comprobar la profundidad del agua introduciendo una pierna, total, ya estaba empapado. Pero un temblor precedido de un fuerte sonido, me sobresaltó. Sonó como un golpe pesado contra el suelo.

Una silueta oscura surgió de la bruma con movimientos pesados. Me escondí detrás de una roca que apenas llegaba a ocultarme si me sentaba tras ella, me asomé cuidadosamente para observar al ser que se acercaba.

–¿Qué haces, chico? –Oí una voz grave y profunda.

Miré a los lados, pero no encontré al dueño de la pregunta. Mientras la enorme silueta oscura se deshacía de la neblina que lo envolvía… ¡Un dragón! Un dragón de al menos cuatro metros, se manifestó ante mis ojos, ¡Mis aterrorizados ojos!

–¿Dónde te has metido, chico? –Volví a escuchar la voz grave y profunda.

–¡”Tssst”! Nos va a descubrir, cállate. –Susurré alterado. El corazón me latía deprisa y ya no sabía si temblaba de frio o de miedo.

–No toques el agua de la laguna, chico, es peligroso, chico.

Aquél charlatán no paraba de hablar, y cada vez más fuerte. Seguí sin encontrarlo con la mirada. Pensé que no vio al dragón, así que me asomé para buscar al enorme monstruo y asegurarme que no me oía, para poder avisar al tipo que me hablaba.

–¡Cállate, o el dragón nos descubrirá! –Volví a susurrar agitado.

Perdí al dragón de vista. En el fondo deseé que el dragón fuese como uno de esos seres que no podían verme, como el centauro, para pasar desapercibido y que se alejara de mí.

–Pero… tú eres tonto, chico…

Oí la voz más cerca de mí mientras me levantaba cuidadosamente en busca del enorme monstruo. Seguía sin verle y eso me puso muy nervioso.

–¡Cuidado, chico, el dragón está sobre tu cabeza! –Dijo la voz.

Levanté la vista y el enorme reptil endemoniado estaba justo a mi lado, mirándome desde arriba, debido a su altura, directo a los ojos.

Me caí de espaldas al suelo del susto que me llevé. Esta vez sí temblaba de miedo. Mirándolo con los ojos muy abiertos, el dragón bajó la cabeza para acercarse más a mí.

–¡El dragón te ha encontrado, chico!

Y justo cuando estaba a punto de soltar la primera gota y mearme en los pantalones, el dragón dio una sonora carcajada.

Me quedé inmóvil, con los ojos muy abiertos, sin saber qué hacer.

Mientras el oscuro dragón se mofaba de mí, riéndose a todo volumen, de mi cara de circunstancia, yo seguía allí tumbado y desconcertado.

–Vamos, chico, no pongas esa cara. –Dijo tratando de apaciguar su risotada.

–Levántate, Chico.

Me incorporé quedándome sentado y mirando con la boca abierta al “alegre” dragón.

 

Se tumbó con el pecho firme, como un perro guardián que descansa en el jardín mientras vigila a unos niños que juegan entre ellos. Su risa ya se había calmado y se serenó por completo.

–¿Quién eres? –Pregunté con un tono tembloroso y aún alerta, por si tenía que salir corriendo.

–Soy Misa, chico, guardián de las Lagunas de la Memoria.

–¿Qué guardas exactamente? –Pregunté con curiosidad, mientras observaba la cicatriz que tenía justo debajo del ojo izquierdo y le recorría desde el pómulo hasta la ceja derecha.

–Guardo que ningún despistado, como tú, se caiga al agua, de que nada caiga en sus profundidades. –Contestó el dragón con cierto tono de reprimenda.

–¿Por qué? ¿Qué tiene de malo el agua de las lagunas?

–Tú eres tonto, chico, no te enteras de nada. –Fruncí el ceño y continuó. –Son las lagunas de la memoria, si caes ahí, probablemente, el corazón de la torre te olvidará… Para siempre.

–¿Cómo el abismo del olvido? –Pregunté intrigado, y más relajado.

–No es tan peligroso, de las lagunas existe una pequeña posibilidad de salir, si no te ahogas. Si caes en el abismo del olvido, se acabó.

<<Por eso el sátiro Rockero evitaba el agua cuando trataba de coger la guitarra y Poli se asustó tanto cuando estuvo a punto de caer>>. Pensé mirando la laguna donde se encontraba el balón de vóleibol.

 –¿Qué más sabes de este mundo, Misa?

Mientras le preguntaba le miré detenidamente, examinándole. Sus escamas eran negras, con un filo dorado en el borde de cada escama. Desde la parte de la garganta hasta el final de la cola, sus escamas eran totalmente doradas, parecía oro viejo. Por todo el antebrazo hasta el codo, le sobresalían unas protuberancias punzantes que hacían de armadura, y desde el tobillo a las rodillas igual. Esa armadura natural le daba un aspecto muy agresivo.

–¿Qué quieres saber, chico? –Esta vez fue él quien me miró con interés, entrecerrando sus ojos de cocodrilo, cristalinos y amarillos oscuros, como el ámbar pulido.

Tenía curiosidad por algunos detalles recientes y aunque pensé en dejarlos pasar, mi curiosidad fue más fuerte y comencé a preguntar.

–Antes, un centauro pasó por mi lado, y más tarde un sátiro me llegó a atravesar, como si fuera un fantasma. Ninguno me vio. No me ignoraron, estaba seguro de que ni siquiera me vieron.

–Así es, chico, no te vieron. Ellos no te conocen, para ellos no existes. Este lugar es el interior de los recuerdos de otra persona. –Se refería a Zoe. – Así que ellos existen en el recuerdo de ella, pero tú no existes en los recuerdos de otros seres, que nunca han oído hablar de ti.

Me quedé en silencio asimilando lo que Misa me estaba contando. Prosiguió.

–Este mundo está plagados de seres, pero tú solo ves a aquellos de los que alguna vez supiste, gracias a la dueña del alma.

<<Por eso el centauro me resultó familiar>>. Discurrí.

Miré a Misa a sus enormes ojos. Su cabeza era de un tamaño considerable y estaba llena de cuernos. Resultaba intimidante.

–¿y por qué te veo a ti? ¿Tú sabes quién soy?

–Claro que sí, chico, eres Donovan, el explorador de almas, muchos hemos oído hablar de ti, incluso seres que tú no ves. Es más, justo detrás de ti hay una… –Dudó un poco sobre como describirla. –… algo así como un delfín antropomórfico, hembra. Pero como la dueña de la torre nunca te ha hablado de ella, tú no puedes verla.

Me giré expectante. No vi a nadie.

–Misa, por ahora solo he visto seres mitológicos o mágicos… yo me veo con forma humana… ¿Tú puedes verme con mi forma humana? ¿O también me ves como algún otro tipo de ser?

Era una pregunta algo enrevesada, esperaba que Misa me hubiese entendido.

El dragón dio una risotada.

–¡Qué complicado eres, chico! Claro que te veo con forma humana. A mí mismo me veo como a un dragón, tal y como tú me ves.

–¿Y por qué solo veo seres extraños? ¿Soy el único humano?

El rostro de Misa se ensombreció, cambió el gesto y mientras se levantaba, estremeciendo el terreno, me dijo:

–Haces muchas preguntas para no conocernos. Relajémonos un poco, chico. Levántate, te acompañaré un rato en tu viaje.

Me pilló por sorpresa y me sonrojé, pensando que había metido la pata. Me puse en pie y comenzamos a pasear por el territorio del que Misa era el guardián.

Algo no iba bien. Pero no sabría decir qué.


¿Qué extrañas lagunas son estas que Donovan tiene que cruzar? Contadme que os ha parecido este capítulo ¡me encantará leer vuestras opiniones!

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El ilustrador de sueños.

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